Vivo
con los recuerdos a flor de piel, con las ansías como destino, respiro
ausencias, camino despedidas, recorro calles que una vez brotaban de alegrías.
Descubro motivos para salir corriendo y me aferro a la esperanza de nuevos tiempos.
Nacer
en otra tierra nunca sería una opción, pues somos lo que somos, SOMOS VENEZUELA
con tantos altibajos como emociones, con humor, con decencia, con esperanza y
con una fuerza dormida tan impresionante como el Salto Ángel. Con una valentía tan fría como los Andes, con
una indignación sedienta como los Médanos. Con sueños que despiertan como el
sol en la llanura cada mañana. Con los brazos abiertos como el Mar
Caribe que nos rodea. SOMOS VENEZUELA país de inmigrantes que hoy emigran.
El país
de la AREPA y el ¡YA VA!, donde todo es chévere y todo puede esperar. El país de
las recompensas y el qué dirán. De las Reinas, de la caja de cerveza en bicicleta,
de las tradiciones cruzadas, hallacas y
pan de jamón, de matrimonios con mariachis y pasodobles, en vez de arpa, cuatro
y maracas. También somos el silbido de quien trabaja desde antes del amanecer y
nunca descansa.
Somos montañas y cordilleras de cosas buenas, somos riqueza
espiritual más que Petróleo. Somos GENTE que nació en esta tierra para
quererla, somos Amazonas, pulmón de la
humanidad. Somos Caracas suburbio comercial, somos ” Naguará” y ¡Queeee
mollejas¡, somos un país donde los
hombres se llaman “compadre”, y las
amigas “hermana”. Somos Paraguaná y Maracay, somos dulce y salaó, algarabía danzante,
movimiento de caderas costeñas, inteligencia admirable evidenciada en científicos
nacidos en esta tierra. Somos talento
puro en corazones indomables.
Zozobrados,
enfrentando el futuro como llevándole la contraria al viento, actuamos seguros de que pronto soplará a
favor, la incertidumbre del mañana que no espera el despertar de una nación adormecida entre
promesas.
Urge
despertar, es el momento de sacudirnos
las entrañas, de lavarnos la cara y de alzar la voz. Urge ejercer la VENEZOLANIDAD
y actuar con conciencia.
Es el
momento de unir nuestras manos y levantar la bandera de la paz. Encontrar bendiciones en cada rincón,
solidaridad en cada mirada, hermandad a pesar de la distancia, nos mueve un
torrente tan fuerte como el Orinoco que atraviesa nuestras venas para
recordarnos continuamente que VENEZUELA es una parturienta de sueños, hambrienta
por hacerlos realidad.
Libres,
unidos como hermanos, debemos alzar la mirada al cielo que nos cubre y abandonar
cualquier diferencia. Que regresar sea la mejor opción para quien tuvo que
partir, que sanen las heridas y que una oración se eleve al cielo por el
perdón.
Amar
esta tierra, amar esta gente, amar hasta que ya no existan diferencias.
