Exigiendo explicaciones a Cupido,
le dije a viva voz lo que mi alma susurra, como un reclamo sin eco.
Le comenté que malgasta sus flechas,
que había descartado muchas veces la dirección correcta.
Le reclamé las veces que me flechó sin vehemencia,
las veces que ató mi corazón, como señuelo, al pez gordo de la indiferencia,
él silente, sonríe con disimulo,
parecía tomar nota, así que me animé a continuar con mis quejas.
Pregunté: ¿Son tus flechas o es tu mala puntería?
A quién debo el honor de ser víctima del desamor.
Cupido, con ironía, sonrió ante tal tontería.
Cuestiono tu proceder, apunté con seguridad, cómo quien da una orden.
Amargamente reproché las veces que sus flechas han envenenado mi alma.
Como una guerrera cansada, desistí ante su mirada,
dije no tengo nada más que mencionar,
me enseñaste entre nubes a amar,
y aprendí que la entrega no te devuelve a la par.
Cupido sonrió y me dijo:
“el problema es que el amor no sabe usar el reloj,
mientras el mundo acostumbra a ponerle fecha”
Asumo las emociones, tengo el don del amor para repartir a montones,
no cuestiones, ni supliques ante lo sublime,
que el amor sabe a dónde llega y en qué momento se entrega.
No se conoce el amor sin la reconciliación y el perdón,
pues sólo a través de su ausencia cuando toque abrirás la puerta convencida de dejarle entrar, y así mientras tú crees que malgasto mis flechas,
te sirves de ellas para valorar el amor real.
Intenta dejar de respirar, para que entiendas que el oxígeno es invisible pero siempre está,
nada es más invaluable que encontrar el complemento para amar.
Luchy
Mayo 2011


